lunes, 28 de abril de 2014

Bitácora N° 3: “De regreso a Llanavilla”

Este sábado fue un día genial porque luego de casi dos semanas regresaba de nuevo con los niños de Llanavilla. Estaba muy entusiasmada. Perdí todo mi nerviosismo desde el momento en que me subí al bus. Cuando llegué al colegio, ya no me sentía como una persona extraña o desconocida. Me sentía parte de ese lugar. Me había familiarizado y encariñado con el colegio, sobre todo con los niños.
En el inicio de las clases vi que había muy pocos niños y me llegó un terrible temor al pensar que algunos de ellos se habían retirado del curso porque en parte sentí que era mi culpa porque tal vez sus mamás pensaron que no les estábamos enseñando bien. Sentí que les había fallado. Felizmente llegaron luego de un rato y me entró un gran alivio aunque me di cuenta de que debíamos hacer un mejor esfuerzo y dar todo de nosotros para que la clase se llevara a cabo de una manera espectacular y trascendente para que ninguno de los niños o sus madres se arrepientan de estar en el curso de inglés. Creo que debemos mejorar en ese aspecto.
Después de que los niños entraron, la directora ingresó detrás de ellos y se veía molesta. Les llamó atención a los niños diciéndoles que varios de ellos no se habían estado portando bien en las últimas clases y que nosotros los profesores si veíamos que algún niño se portaba extremadamente mal, la llamáramos que ella se iba a hacer cargo. Mientras que la directora hablaba, algo en mi interior me decía que todo era mi culpa y que no hacía un buen trabajo al mantener el orden en el salón. Me sentí muy culpable; como si a los niños les hubiesen gritado por mi culpa. Sé que no fue mi culpa del todo, aunque a veces tiendo a ser muy blanda con los niños, pero siempre tengo ese sentimiento cada vez que le llaman la atención a alguna persona; en especial si me he encariñado con esta.
Luego de que pasó todo esto comenzamos las clases con una obra, un sketch, que a los niños les encantó porque era muy divertida. Amé ese momento en que vi a todos los niños con una sonrisa en la boca y se veían tan alegres y felices, como si se hubiesen olvidado de que existen los problemas y no tuviesen mayores preocupaciones. Ese momento me recordó mi infancia.
Yo no suelo expresar mucho mis emociones, me parece algo un poco absurdo y exagerado el tener que hacer gestos o cosas por el estilo para que la gente sepa cómo me siento. Para eso existe el diálogo. Muchas de las cosas que me han sucedido desde que era pequeña me han marcado y han cambiado mi forma de ser. Lo que nunca olvidaré es mi niñez. De niña era muy habladora, siempre tenía una sonrisa en mi rostro, me encantaba conocer gente nueva y no le tenía temor a actuar en público. Es por eso que al ver a los niños pude verme reflejada en cada uno de ellos, como si fueran un espejo a través del cual me podía ver a mí misma de pequeña y de aquellos tiempos en los que los problemas en mi vida no existían y realmente no tenía mayor preocupación que sólo ser una niña. Es por eso que al verlos me sentí identificada con cada uno de ellos. Sé cómo se siente tener que preocuparse por el colegio y aparte tener más preocupaciones en casa. A todos les ha pasado. El tener que pensar en los estudios y simultáneamente pensar en cómo hacer para resolver tus problemas o qué va a ser de tu vida si el problema no se termina. Es algo que estresa a uno y lo martiriza por largo tiempo.
Continuando con la clase, entramos al salón y les dimos unas imágenes para que las pintaran. Me junté a una mesa con 4 niños para ver cómo iban en la actividad. Algunos de ellos no recordaban mucho lo de la clase anterior y es por eso que a algunos les costó aprender. Entonces asumí mi papel de profesora y comencé a repasarles los colores. En ese momento me sentí como si fuera más que una profesora, una madre porque me encariñe demasiado con esos niños. Siempre me sucede que les tomo cariño rápidamente a los niños pequeños de tan solo verlos.
De todos los niños de aquella mesa, el que más me llamó la atención fue un niño llamado Piero quien al inicio de la clase se veía muy contento y entusiasmado pero mientras pasaba el tiempo se iba poniendo más serio. Traté de hablar con él pero no me quería responder. Además estaba a punto de terminar la clase así que no tuve mucho tiempo para conversar. Me puse a pensar que de repente era algún problema en su casa. Me dije a mí misma: “¿Será que lo maltratan o le gritarán en su casa?, porque es muy inquieto y de repente la mamá no le tiene paciencia”. Realmente no se me ocurre cómo una persona le puede gritar, maltratar o pegarle a un niño. Para mí es algo muy inhumano porque yo veo a un niño inocente, que no tiene culpa y de tan solo imagianr que alguien le va a pegar a una criatura tan pequeña e indefensa me dan ganas hasta de llorar y pienso: “¿Cómo es eso posible? ¿cómo puede haber gente tan cruel a la que no les queda ningún cargo en su conciencia por el hecho de haber maltratado a un niño?”
Es por eso que me gustaría llegar al fondo del caso de Piero y de repente de algunos otros niños a los que se les vea tristes o aburridos en la clase para ayudarlos en sus problemas. A mí me han pasado cosas así que han marcado mi vida y no quisiera que lo mismo les pase a ellos y es por eso que si hay alguien que los puede escuchar y entender, soy yo.
EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS
1.       CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE: Me di cuenta de que a veces tiendo a ser muy blanda con los niños. No sólo con ellos sino también con otras personas y tener demasiada compasión y sé que es un punto débil por lo que he dejado de consentirles demasiado a los niños aunque me duela hacerlo.
2.       TRABAJA EN COMUNIDAD: Cada vez me estoy más conectada a mi grupo y siento que ya no somos sólo un grupo como al inicio sino como un equipo, una comunidad que está en busca de no sólo enseñarles inglés a los niños, sino de trascender en su vida con las enseñanzas en la clase.
3.       BUSCA LA VERDAD Y ACTÚA CON COHENRENCIA: Al hablar con Piero quise saber más de él, aunque no me quiso contar mucho y respeté su decisión de no querer hablar de su vida privada en ese momento; a pesar de que yo quería saber lo que le pasaba.
4.       SIENTE CON LA IGLESIA Y EL MUNDO: Tomé conciencia del problema de la violencia infantil que es un tema que afecta mucho a la sociedad, sobre todo a los niños quienes quedan marcados de por vida debido a las decisiones erróneas de sus padres, afectando a la nueva generación es por eso que a pesar de ser un grupo pequeño he decidido cambiar el destino de los niños que sufren de este problema que es el maltrato.
5.      SE COMPROMETE Y ESFUERZA: Me comprometí a comenzar a hablar con los niños para analizar sus problemas y comprenderlos; a pesar de que me cuesta un poco comenzar a hablar con personas nuevas pero doy mi mayor esfuerzo para lograrlo.

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