Este sábado 27 de setiembre fue
una fecha muy especial. Sabía que sería mi última clase en Llanavilla, así que
decidí dar lo mejor de mí. Y creo que esto fue un completo reto para mí debido
a que estuve un poco enferma desde la mañana y me sentía mal. Además, íbamos a
tomarles una práctica a los niños, así que ya sabía lo difícil que iba a ser
esta clase.
Habían pasado dos semanas desde
la última vez que fui a Llanavilla y me sentía ansiosa de volver a ver a los
niños.
Comenzamos presentando a los
chicos de 4° “D” que nos estaban acompañando y comenzamos con la clase.
Gabriela hizo la oración inicial, y encomendé todas mis fuerzas y mi sacrificio
para no dejarme vencer por el malestar y continuar con las clases.
Primero hicimos un repaso de
todos los temas que habíamos visto durante las últimas semanas. Para esto
utilizamos diferentes estrategias como la de hacer dibujos en la pizarra para
que los niños puedan entender mejor nuestra clases. También hicimos una dinámica
para que recordaran los días de la semana, que era el tema que más les costaba,
así podían mejorar sus notas y que la práctica que iban a tener se les haga
mucho más fácil.
Durante la práctica, vi
diferentes tipos de niños. Los que se sabían cada pregunta del examen, los que tenían
algunas dificultades y los que sufrían por cada pregunta. Varios niños nos pedían
ayuda. Una niña llamada Isabella me pidió ayuda porque no recordaba ciertas
cosas de su práctica. Traté de ayudarla pero ella tan ansiosa por responder una
pregunta que quería que yo le diga la respuesta. Al ver sus ojitos, vi lo
desesperada que estaba por tener la respuesta a la pregunta, pero yo no podía hacer
eso. Quiso copiar de su cuaderno pero no se lo permití. Le dije que si copiaba
iba a echar a perder todo el esfuerzo que había hecho por contestar las otras
preguntas del examen y que le iban a poner mala nota. Traté de ser lo más
sincera y menos dura al decirle eso. Me miró con cara triste y siguió con su práctica. Yo tengo una
debilidad con los niños, me es difícil negarles algo. Pude haberle dicho la
respuesta y ella salía bien en su examen pero no lo hice porque sabía que ella
tenía que aprender por su cuenta que debía estudiar. Sé que tal vez habré quedado
como la mala de la película, pero igualmente sé que hice lo correcto.
Finalmente, cuando acabó el
examen, hablé con Estrella que es una de las niñas que más participa en clase. Le
dije que era muy buena alumna y una buena niña. Le dije que la iba a extrañar
durante todo el tiempo que ya no iba a regresar a Llanavilla. Ella se percató
que estaba enferma y me dijo que me sentara en su silla. La obedecí y comenzó a
darme masajes en los hombros. En ese momento sentí que se preocupaba y cuidaba
de mí porque quería que me mejorara. Nunca olvidaré ese gesto que tuvo conmigo
como un intento de hacerme sentir mejor.
De regreso al bus, me puse a
pensar que quizá los niños que sufrían durante el examen nos recordarían como
los que les pusieron mala nota. Para mí sería muy duro y difícil desaprobar a
los niños pero creo que ese es uno de los retos de ser profesor.
EXPERIENCIAS DE CdD:
1. CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE: Aunque tengo
una debilidad con los niños, supe hacer lo correcto al no decirle las
respuestas del examen a Isabella. Me costó negarle mi ayuda en ese caso.
2. SE COMPROMETE Y ESFUERZA: Creo que esta clase se
basó en el esfuerzo y el empeño que le puse a la clase, por ser la última, y también
porque estaba enferma. Aun así, traté de dar lo mejor de mí.
3. ORGANIZA ACTIVIDADES: Aunque no lo mencioné en
el blog, la que ideó la dinámica de los días de la semana fui yo. Increíblemente
se me vino esta idea a la cabeza y todos acordaron en realizarla.
4. TRABAJA EN COMUNIDAD: Esta clase fue un gran
trabajo en comunidad ya que me integraba con los chicos de 4° “D” por segunda
vez y juntos dimos la clase lo mejor que pudimos.

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