viernes, 4 de julio de 2014

“Un pequeño rayo de sol que iluminó un día gris”

El sábado 21/06 fue muy distinto a como yo me lo imaginaba. Desde la organización de la clase, pensé que íbamos a tratar un tema nuevo para la clase ya que ahora disponíamos del proyector multimedia, el audio, etc, porque los niños iban a venir a nuestro colegio, a nuestro salón para aprender. Quedamos en hacerles a los niños un repaso didáctico, entregarles cuadernos nuevos y fichas de repaso para que la clase se les haga mucho más divertida y después hacer una ensalada de frutas todos juntos.

Estuvimos preparando la clase media hora antes de que comenzara, además de arreglar el salón de clases para los niños. Yo estaba preocupada porque el salón estaba desordenado, pero lo solucioné antes de que llegaran los pequeños.
Mientras más se acercaba la hora de que los niños llegaran al colegio, más nerviosa me ponía. Tenía miedo de que algo pudiera fallar.

Cuando vi que llegaba el bus, me alegré tanto que fui corriendo con mis amigos a recibir a los niños. Al llegar al estacionamiento, los niños se veían muy emocionados por el colegio. Yo también estaba muy emocionada. Los niños bajaron rápidamente y nos abrazaron. Me encantó ese momento en que dos niñas me dieron un abrazo y me dijeron que me extrañaron. Yo también les respondí lo mismo. Luego me hicieron preguntas sobre todo el colegio mientras caminábamos al salón. Dijeron que era un colegio mucho más grande que el suyo. En ese momento me puse a pensar si es que realmente habíamos hecho bien en traer a los niños al colegio.

Me desconcentré de mi pensamiento cuando llegamos a las aulas. Como era grande el salón, los niños no hicieron mucho desorden por lo asombrados que estaban. A mí me encargaron en ese momento para llevar a las niñas al baño. Íbamos de dos en dos y me sentía como su hermana mayor. Al llegar al baño las niñas que quedaban hipnotizadas por cada objeto que se encontraba allí, desde las luces hasta los caños. Todo era un mundo nuevo para ellas porque no tenían nada de eso en su colegio. Mientras ellas estaban en el baño me puse a pensar: ¿realmente hicimos lo correcto al traer a los niños aquí y mostrarles una realidad muy diferente a la suya?

Todo el tiempo que estuve llevando y trayendo a las niñas del baño, tuve como un remordimiento que me hacía sentir como una mala persona por mostrarle a aquellas niñas cosas que ellas no tenían. A pesar de que ellas no se sintieron mal sino curiosas, el sentimiento de culpa seguía allí. Ahora no me parecía ético que hayan traído a los niños al colegio porque eso generó un choque entre su realidad y la nuestra.

La clase estuvo bastante bien hasta que llegó el momento de hacer la ensalada de frutas. Los chicos tenían que lavarse las manos para preparar la ensalada pero no querían y estuvieron haciendo desorden durante un buen rato. Los demás de mi comunidad se molestaron con los niños e incluso les gritaron. Yo también me molesté pero sólo les llamé la atención. No me salía voz para gritarles. Menos mal que se calmaron porque de verdad no me gustó que les gritaran de esa forma.

Al terminar la actividad de la ensalada, los niños volvieron a hacer desorden. Corrían de un lado para otro y no se detenían. Todo se volvió un desastre. Demoramos más que la vez anterior para reunirlos. Nos costó demasiado e incluso tuvimos que llamar a dos chicos de otro salón para que nos ayudaran. Cuando por fin logramos reunir a todos los niños, los llevamos en fila y agarrados de la mano hacia el jardín de juegos.

En mi interior dije: “Por fin van a poder jugar todo lo que deseen hasta el final de la clase”. Grande fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta de que la hora se había pasado muy rápido y que nos habíamos demorado tanto en decirles a los niños que guarden silencio, que se agrupen y se pongan en orden que perdimos la noción del tiempo. Veía en el rostro de los niños la emoción de poder jugar en el patio de juegos pero no sabía cómo decirles que por haberlos estado ordenando perdimos el tiempo que pudimos haber usado para jugar. No podía romperles la ilusión de jugar en un patio de juegos muy diferente al suyo. Se veían muy emocionados.

Finalmente tuve que decirles de todas maneras que ya no alcanzaba el tiempo para que jueguen y que si la próxima vez querían jugar, tenían que estar ordenados y obedecer para que les quede más tiempo para jugar. Una vez que se fueron, me imaginé en qué podían estar pensando los niños mientras veían nuestro colegio y lo comparaban con el suyo. Me sentí culpable de nuevo y creo que la clase no estuvo tan bien como esperaba. Terminé el día muy cansada pero lo que me alegró fue el recordar el momento en que las dos niñas me abrazaron. Ahí sentí que todo mi esfuerzo había valido la pena.

EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS:

1.   TRABAJA EN COMUNIDAD: Trabajé junto a mi comunidad para elaborar la clase de aquel día y ayudar a cada niño a comprender la clase.
2. LIDERA CON INSPIRACIÓN: Fue un verdadero desafío el juntar a todos los niños que se habían dispersado por todo el patio, así que los traté de convencer para que se ordenaran y funcionó.
3.  BUSCA LA VERDAD Y ACTÚA CON COHERENCIA: Los niños estaban asombrados por el tamaño y la modernidad de nuestro colegio y creo que eso fue un choque entre ambas realidades. Es por eso que en ningún momento les hubiera echado en cara a los niños cosas como que mi colegio es mejor, sino al contrario, cuidé cada una de mis palabras y actué acorde a la situación.
4. ORGANIZA ACTIVIDADES: Junto a mi comunidad, organicé la clase y la preparación de la ensalada. Todo con muchas ansias de que los niños disfruten nuestra clase.