Creo que esta vez hicimos bien las
cosas. Desde la organización de las clases hasta su realización, fue un gran éxito.
Desde semanas antes estaba
emocionada por regresar y poder ver a mis niños, cómo habían crecido y qué
tanto habían aprendido.
Esta vez me tocó asumir un gran
reto: ser coordinadora de mi comunidad de cuarto de primaria. Al inicio pensé
que no iba a ser capaz de lograrlo porque nunca antes he estado oficialmente a
cargo de una clase. Me sentía temerosa de que mi trabajo no fuese
suficientemente bueno y decepcionar a mis amigos, sobre todo a los niños. No quería
cometer errores.
Para evitar cualquier tipo de
error, comencé a organizarme con anticipación y estar preparada para dictar una
buena clase. Considero que las estrategias que empleamos el año pasado fueron
eficientes, por lo que incentivé a mi grupo a utilizar los “flash cards”. Un pequeño
detalle que me pareció importante, fue el utilizar tarjetas con nuestros
nombres que decían “My name is …” para romper la tensión de la primera clase,
darle un toque más amigable y que sepan que somos más que profesores.
El día llegó y mis ansias de
volver a las clases con los niños me inundaban de felicidad. Aunque no lo haya
demostrado en mi rostro, por dentro mi corazón “saltaba” literalmente de la emoción.
Les íbamos a tomar una prueba
diagnóstica para ver si lo aprendido el año pasado fue efectivo. Aunque sabía
que los pequeños habían entendido las clases, me parece que durante las
vacaciones del verano olvidaron sus conocimientos a falta de repasos. Creo que
eso fue algo injusto porque hubiese sido preferible refrescarles la memoria y
luego tomarles el examen. Pero como estábamos cortos de tiempo no pudimos
hacerlo. Es por ello que me temía que su primera clase quedara marcada por una
nota jalada.
Al comenzar las clases me
desanimé un poco: sólo había 6 niños. En eso comenzaron los problemas. Dos niños,
Balentino y Jimmi por razones desconocidas se gritaron y Balentino empujó a
Jimmi hacia el suelo. Ver esta escena me dejó petrificada. Afortunadamente, mi
amiga Valeria consoló a Jimmi y Gerald conversó con ellos. Me gusta que las
cosas salgan bien pero creí que había fallado como líder al ver esta escena y
sentirme impotente. Quedé devastada porque mi primera clase del 2015, se marcó
por este hecho terrible y probablemente los niños se hayan decepcionado por no
haber podido controlar la situación por mí misma.
Después de eso procedimos con la
clase que creo que nos salió bien. Enseñarles los deportes mediante pequeñas
mímicas me hacía sentir como una gran actriz y madre cariñosa. Me recordaron mi
niñez cuando mi madre y yo solíamos actuar para repasar las clases. Me sentí
muy conmovida.
El tiempo se redujo y tuvimos que
cortar la clase. Ya en el feedback compartí mi primera experiencia como líder y
después subimos al bus. Era momento de reflexión personal.
Admito que la clase estuvo
bastante bien, los niños se divirtieron y aprendieron. Mi pasión por que las
actividades se lleven a cabo de manera excelente es una virtud; sin embargo, ser
perfeccionista también fue una desventaja porque a pesar de que nos preparamos
con anticipación, la clase tuvo sucesos inesperados como la pelea entre los
niños, el conflicto con otros chicos por el uso de salones o la falta de tiempo.
Sin embargo, el hecho de ser la líder de mi comunidad de 4° de primaria y tener
mayor responsabilidad en mis manos me ha convertido en una persona más
responsable y consciente de sus actos.
EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS
1. ORGANIZA
ACTIVIDADES: Planifiqué las actividades con anticipación y preparé los
materiales adecuados para dar mayor dinamismo a las clases.
2. SE
COMPROMETE Y ESFUERZA: Me comprometí a tomar con responsabilidad mi trabajo
tanto como profesora y como amiga los niños, y a esforzarme en dar lo mejor de
mí durante cada clase.
3. LIDERA
CON INSPIRACIÓN: Emprendí el desafío del liderazgo que me ayudó a desarrollar
mayor responsabilidad y compromiso en mis acciones.
4. CONOCERSE,
ACEPTARSE Y SUPERARSE: Reconozco que soy una persona muy perfeccionista y entendí
que siempre habrán imprevistos que bloquearán mi camino pero que a partir de
ellos los niños pueden adquirir conocimiento, valores o experiencia de nosotros;
entonces, en esos momentos, las clases habrán sido perfectas.

