domingo, 26 de abril de 2015

“Lo perfecto de los imprevistos”

Creo que esta vez hicimos bien las cosas. Desde la organización de las clases hasta su realización, fue un gran éxito.

Desde semanas antes estaba emocionada por regresar y poder ver a mis niños, cómo habían crecido y qué tanto habían aprendido.

Esta vez me tocó asumir un gran reto: ser coordinadora de mi comunidad de cuarto de primaria. Al inicio pensé que no iba a ser capaz de lograrlo porque nunca antes he estado oficialmente a cargo de una clase. Me sentía temerosa de que mi trabajo no fuese suficientemente bueno y decepcionar a mis amigos, sobre todo a los niños. No quería cometer errores.

Para evitar cualquier tipo de error, comencé a organizarme con anticipación y estar preparada para dictar una buena clase. Considero que las estrategias que empleamos el año pasado fueron eficientes, por lo que incentivé a mi grupo a utilizar los “flash cards”. Un pequeño detalle que me pareció importante, fue el utilizar tarjetas con nuestros nombres que decían “My name is …” para romper la tensión de la primera clase, darle un toque más amigable y que sepan que somos más que profesores.

El día llegó y mis ansias de volver a las clases con los niños me inundaban de felicidad. Aunque no lo haya demostrado en mi rostro, por dentro mi corazón “saltaba” literalmente de la emoción.

Les íbamos a tomar una prueba diagnóstica para ver si lo aprendido el año pasado fue efectivo. Aunque sabía que los pequeños habían entendido las clases, me parece que durante las vacaciones del verano olvidaron sus conocimientos a falta de repasos. Creo que eso fue algo injusto porque hubiese sido preferible refrescarles la memoria y luego tomarles el examen. Pero como estábamos cortos de tiempo no pudimos hacerlo. Es por ello que me temía que su primera clase quedara marcada por una nota jalada.

Al comenzar las clases me desanimé un poco: sólo había 6 niños. En eso comenzaron los problemas. Dos niños, Balentino y Jimmi por razones desconocidas se gritaron y Balentino empujó a Jimmi hacia el suelo. Ver esta escena me dejó petrificada. Afortunadamente, mi amiga Valeria consoló a Jimmi y Gerald conversó con ellos. Me gusta que las cosas salgan bien pero creí que había fallado como líder al ver esta escena y sentirme impotente. Quedé devastada porque mi primera clase del 2015, se marcó por este hecho terrible y probablemente los niños se hayan decepcionado por no haber podido controlar la situación por mí misma.

Después de eso procedimos con la clase que creo que nos salió bien. Enseñarles los deportes mediante pequeñas mímicas me hacía sentir como una gran actriz y madre cariñosa. Me recordaron mi niñez cuando mi madre y yo solíamos actuar para repasar las clases. Me sentí muy conmovida.

El tiempo se redujo y tuvimos que cortar la clase. Ya en el feedback compartí mi primera experiencia como líder y después subimos al bus. Era momento de reflexión personal.

Admito que la clase estuvo bastante bien, los niños se divirtieron y aprendieron. Mi pasión por que las actividades se lleven a cabo de manera excelente es una virtud; sin embargo, ser perfeccionista también fue una desventaja porque a pesar de que nos preparamos con anticipación, la clase tuvo sucesos inesperados como la pelea entre los niños, el conflicto con otros chicos por el uso de salones o la falta de tiempo. Sin embargo, el hecho de ser la líder de mi comunidad de 4° de primaria y tener mayor responsabilidad en mis manos me ha convertido en una persona más responsable y consciente de sus actos.

EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS

1.    ORGANIZA ACTIVIDADES: Planifiqué las actividades con anticipación y preparé los materiales adecuados para dar mayor dinamismo a las clases.
2.    SE COMPROMETE Y ESFUERZA: Me comprometí a tomar con responsabilidad mi trabajo tanto como profesora y como amiga los niños, y a esforzarme en dar lo mejor de mí durante cada clase.
3.      LIDERA CON INSPIRACIÓN: Emprendí el desafío del liderazgo que me ayudó a desarrollar mayor responsabilidad y compromiso en mis acciones.
4.     CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE: Reconozco que soy una persona muy perfeccionista y entendí que siempre habrán imprevistos que bloquearán mi camino pero que a partir de ellos los niños pueden adquirir conocimiento, valores o experiencia de nosotros; entonces, en esos momentos, las clases habrán sido perfectas.

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