Muchos parecían perdidos, a pesar
de la excelente planificación y nos sentíamos desmotivados pero cuando los
chicos llegaron, pude ver que sus rostros sonreían de emoción al ver un colegio
tan colosal y al cual percibían como un hogar gracias a nosotros.
Asimismo, por estar en el colegio
me sentí confiada y me desenvolví fácilmente en los juegos. Asumir el liderazgo
junto con otros 3 chicos del salón fue difícil porque ellos tenían un carácter
complicado.
Me parece que juntarlos por
comunidades les enseñó mucho sobre nuestra “cultura” agustina. El trabajo en
equipo estaba presente al igual que el espíritu de sana competencia que les transmitíamos
a los chicos. Yo les decía que un poco más de ánimo y entusiasmo nos ayudaría a
ganar y que lo importante era divertirse.
Por otro lado, me faltó ser más
estricta ante el comportamiento de algunos niños. Recuerdo haber recurrido a la
corrección fraterna cuando 2 niños que se pateaban continuamente por “venganza”.
Al decirles que su pleito sería infinito pues ambos continuaban la pelea, los
dos se pusieron pensativos y me pareció que por fin entendieron que sus peleas
eran una tontería sin sentido porque no volvieron a golpearse a partir de ese
momento.
No me pareció razonable que un líder
de mi comunidad les llamara la atención a los niños con mal carácter. Les dijo:
“No vamos a ganar porque se están portando mal” pero sonó como si hubiese
querido decir: “Por su culpa vamos a perder”. Muchos de los chicos sufren de violencia
en sus casas, esto no era necesario.
En fin, este sábado aprendí que:
Una perfecta planificación no asegura una actividad exitosamente
organizada.
Nuestra planificación fue
bastante anticipada y muy bien organizada. No había ningún punto vacío ni ningún
aspecto fuera de orden. Por ello, esperaba que la actividad fuese un éxito en
cuanto a la planificación. Sin embargo, a pesar de que teníamos un horario
exacto de dinámica a realizar, todo terminó siendo un desorden total. Algunos no
tenían claro su rol en las actividades y
no tenían iniciativa para, al menos, involucrarse en los juegos y esto complicó
la distribución de grupos y el liderazgo de los niños.
A esto surgió la cuestión ¿en qué
medida la planificación de una actividad nos puede asegurar el éxito completo
de esta? Y para responderla puedo afirmar que no nos puede asegurar un completo
éxito porque siempre ocurren imprevistos. Probablemente, no suene razonable ni
lógico pero en este caso la razón va ligada a la fe y la emoción, por lo que si
no existe iniciativa en todos los miembros de la comunidad es imposible que la
actividad pueda ser exitosa. De nada sirve la teoría si no se refleja en la
práctica.
La responsabilidad recae en el líder y el equipo la asume.
Luego de que “abandonáramos” a
nuestros líderes y los dejáramos recogiendo la basura que quedó al finalizar la
actividad, ellos recibieron quejas en nombre de todo el salón. Entonces surge
esta pregunta: ¿hasta qué punto la responsabilidad recae en los representantes
o líderes de un grupo de personas?
Percibo que es injusto que un par
de personas cargeun con la responsabilidad de un salón y sobre todo si ellos
corrigieron nuestros errores. Respondiendo directamente a la pregunta,
considero que la responsabilidad sólo debe recaer en los líderes hasta el punto
en que ellos no sean los únicos que carguen con dicha responsabilidad.
La trascendencia fue indirectamente transmitida por nuestras acciones.
Si bien pude enseñarle a los
niños sobre el respeto mediante mis palabras, creo que también lo hice a través
de mis acciones. En mi comunidad, el lidiar con el carácter y la personalidad distinta
de otros líderes, les enseñó a tolerar y respetar a sus amigos. Incluso, mi
blandura y paciencia al corregirlos les mostró que hay fuerzas mayores que la
violencia.
Finalmente, la felicidad de los
niños fue un regalo muy valioso y me siento orgullosa de haber sido parte de la
realización de esta actividad.
1.
ORGANIZA ACTIVIDADES: Junto a mi comunidad
organizamos a los niños para que cumplan con las actividades.
2.
TRABAJA EN COMUNIDAD: Estuve con chicos que
aunque no nos conozcamos, supimos integrarnos y controlar a los niños.
3.
CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE: Aceptar mi
blandura con los niños y mejorar mi capacidad de disciplina me ayudan cada vez
a superarme.




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