El pasado sábado 08 de marzo fue nuestra Jornada de Ciudad
de Dios. Ese día me levanté temprano en la mañana, cansada como de costumbre por
las clases del día anterior. Me molesté un poco por haberme levantado tan
temprano. Aun así, me alisté y camino al colegio me sentía emocionada, pero a
la vez nerviosa porque no sabía a donde tenía que ir, si me iba a encontrar a
alguien con quien caminar o si iba a ir caminando yo sola todo el trayecto
hasta encontrar a alguien con quien hablar.
Finalmente cuando llegué, nos reunimos todos en la sala de
audiovisuales. Allí nos separaron por casas, por lo que no tenía a casi nadie
muy conocido en mi grupo. Luego, los chicos de 5° de secundaria nos hablaron
acerca del tema de nuestro proyecto: “¿Cuál es tu ladrillo?”. Al inicio no
entendí por qué ese nombre, pero luego me di cuenta que se refería a qué era lo
que yo le ofrecía a mi comunidad para juntos poder construir esta Ciudad de
Dios y sostener nuestro proyecto durante todo el año.
Después de un rato, nuestro querido amigo y profesor Jesús Chávez
nos habló acerca de la experiencia que tuvo en los años anteriores a trabajar
en el colegio. Me conmovió mucho la emoción con la que expresaba su historia,
el gran cariño que le tenía a los jóvenes, de cómo creó su grupo de oratoria “Jesus
Caritas” y la gran devoción que le tenía al santo Don Bosco.
Para finalizar la reunión en audiovisuales, Walter nos
mostró la letra de una canción que habían preparado especialmente para la
jornada. Empezó a tocar su guitarra y a cantar. Dijo que teníamos que cantarla.
En ese momento no tenía muchas ganas de cantar. Además sentía un poco de roche.
En eso, escuche bien la letra de la canción “Somos iglesia joven, capaz de
cambiar el mundo”. Aquella frase, a pesar de que la he escuchado varias veces,
realmente me tocó el corazón. Me puse a pensar: “Nosotros somos capaces de
cambiar al mundo entero; pero primero debemos cambiar nosotros.” Y en ese momento
comencé a cantar. Como si mi cuerpo hubiera entendido el mensaje que me había dejado
aquella reflexión.
Después de todo aquello, nos dirigimos al campo de fútbol. Allí
hicimos barras y coreografías para cada una de nuestras casas y un juego de
pelota. Al término de esas actividades, nos separaron en pequeños grupos y nos
pusieron como líderes a los chicos de 5°. En mi grupo, la líder comenzó a
hablar acerca de sus experiencias en su proyecto de Ciudad de Dios del año
pasado en donde les daba clases a los niños y jugaba con ellos. Algo parecido a
lo que me ha tocado como proyecto para este año. Dijo que había aprendido mucho
de los niños y de la humildad que tienen ya que no poseen cosas costosas y realmente
valoran lo que tienen.
No me di cuenta que las horas se habían pasado volando y que
ya había llegado la hora de refrigerio. En ese momento recordé que debía irme a
mi clase de inglés, así que pedí permiso y salí del colegio. Mientras iba
caminando, comencé a pensar en todo lo que había pasado. Me di cuenta de muchas
cosas. Primero, no todo en la vida va a ser de mi agrado; siempre voy a tener
que hacer sacrificios pero si le veo sentido a lo que hago, hasta voy a
disfrutarlo. Segundo, no siempre voy a estar con mi grupo de amigos, debo
aprender a independizarme de ellos y juntarme con personas diferentes. Tercero,
tenemos que tener a Dios presente en todas nuestras acciones y también hacerlo
presente en las acciones de los demás. Por último, debemos aprender a ser
humildes, valorar y apreciar lo que tenemos porque bien dicen que “uno no
aprecia lo que tiene hasta que lo pierde” y no debemos esperar a perder algo o a
alguien para recién valorarlo.
EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS
1. TRABAJA EN COMUNIDAD:
Aprendí a trabajar en comunidad mediante los juegos que hice
con mi casa. Además, también aprendí que por más que nos dividan en pequeños
grupos, debo unirme con todos los miembros de mi comunidad por más desconocidos
que sean.
2.
SE COMPROMETE Y ESFUERZA:
Me comprometí a formar parte de mi comunidad y aprender a
estar unida con ella, por más que me cueste. Me esforcé para vencer algunos
temores que tuve y superarlos como el de cantar o el de participar en una barra
para mi casa.
3.
CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE:
Reflexioné dentro de mí al momento de la canción y me di
cuenta que quedarse callada y no participar de aquella canción era una
tontería, así que superé mi miedo de pasar roche y me puse a cantar.
4.
LIDERA CON INSPIRACIÓN
Emprendí nuevos desafíos porque tuve que dejar a un lado la
timidez, la vergüenza y olvidarme de todos los perjuicios para poder disfrutar plenamente
la jornada.
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