sábado, 7 de junio de 2014

Bitácora de CdD N° 6: “Con experiencias buenas o malas, aprendemos”

Este sábado fue para mí, y creo que también hablo por todos los que estuvieron presentes cuando digo que fue la peor experiencia que hemos tenido desde que comenzaron las clases en Llanavilla. Desde la semana pasada estuve esperando con ansias a que llegue el sábado para poder enmendar mi error de no haber participado en la organización de las clases del sábado pasado. Era un sábado tranquilo, normal y luego de almorzar fuimos a esperar al bus para poder ir a las clases en Llanavilla.

Estaba un poco relajada porque solo íbamos a tomar una práctica a los niños, y con mis amigos estábamos  esperando la llegada del bus. Cuando dieron las dos de la tarde me comencé a preocupar porque el bus nunca se había demorado en llegar. Luego de un rato fui a preguntar qué era lo que pasaba y en eso vi a la miss Rosemary muy preocupada. En ese momento intuí que algo andaba mal y era verdad. No había señales del bus y en mi grupo comenzamos a especular de lo que pudo haber pasado. Empezamos a buscar responsables del problema pero me di cuenta que de esa manera no íbamos a arreglar nada.

En ese lapso durante la espera del bus, pude identificar que se formaban ciertas facciones como la de los preocupados, los relajados, los inquietos, los pasivos, los chistosos y los desesperados.  Cuando dieron las 2:30 de la tarde, estaba desesperada hasta más no poder. A cada rato me preguntaba: ¿por qué el bus se demora tanto?, ¿por qué Piero no da señales de vida?, ¿qué va a ser de los niños?, no quiero defraudarlos, ¿qué vamos a hacer? Me dije a mí misma que Piero es incapaz de dejarnos a la deriva con este problema y que si no daba ninguna señal era porque algo le había pasado o que estaba realmente ocupado; así que traté de buscarle un sentido a lo que pasaba y me puse a pensar que esto tal vez sucedió para que nos podamos fortalecer como comunidad, buscando soluciones. Porque una familia no es familia verdadera si no tiene problemas y creo que este hecho nos unió más como una comunidad que trabaja unida para solucionar un problema.

Cuando nos avisaron que iba a llegar el bus, me sentí aliviada porque ya íbamos a ir con los niños. Nuestro salón accedió a darles nuestra hora de clase a los chicos de 4° F que tenían una obra de teatro para los niños. No me pareció justo porque yo quería darles clases a los niños pero no era lo que yo quería, sino lo que los niños hubiesen querido y creo que se hubiesen divertido bastante con la obra de teatro; así que acepté.

Cuando llegó el bus casi las 3:30, subí lo más rápido que pude para no perder tiempo y llegar lo más rápido posible a Llanavilla.
Al llegar al colegio, todo era silencio. No había ni una sola alma. Me paré frente al portón de entrada junto con los demás. Ya nos sentíamos avergonzados por la tardanza y lo que me hizo sentir peor fue aquel letrero pegado en la puerta: “Mañana sábado tenemos talleres. Asistir puntual de 2:00 a 4:00”

Ese letrero fue el que me dio justo en el corazón. Me sentí molesta conmigo misma y fue mucho peor ya que al entrar al colegio, todo el lugar estaba absolutamente vacío. 
Vi cómo los chicos de 4° F que estaban tan entusiasmados por realizar la obra de teatro y como se les borró la sonrisa de sus caras al ver que no había nadie. Me sentí culpable y me puse a pensar en la cara de decepción que debieron haber tenido los niños al ver que no llegábamos.

El viaje de regreso se hacía eterno. En el bus me puse a pensar y no dejaba de recordar las palabras del letrero colgado en la puerta del colegio: “asistir PUNTUAL”. Nuestro esfuerzo de enseñarles cosas buenas a los niños se vino abajo con estas palabras. Les dimos un mal ejemplo. Además sabía que iba a ser muy difícil que los niños volvieran a confiar en nosotros luego de aquel suceso. Me sentía afligida, molesta, triste, avergonzada, culpable y la peor persona del mundo al arruinarles el día a los niños de esta manera. No tenía razón para sentirme culpable ya que Piero había coordinado la reservación de los buses con anticipación (hasta nos mandó una copia del mail que le envió a la empresa de los buses) y al parecer fue un error de la empresa, pero yo no dejaba de sentirme así.

Cuando llegué a mi casa, reflexioné todo lo que había pasado aquel día. Concluí que buscar culpables no es de gran ayuda en casos como este. Aprendí que debo dejar de lado todos los prejuicios y plantear una solución porque esto me ayudará a crecer también como persona. Además, si bien no habíamos podido dar nuestras clases, crecimos como comunidad y fuimos capaces de mantenernos unidos y encontrar soluciones ante este problema. Y sé que las cosas no suceden porque sí o por simple casualidad, pasan por una razón; y la razón es que aprendamos a mejorar como personas y como comunidad y que también permanezcamos juntos no sólo durante las buenas experiencias sino también en las malas.

EXPERIENCIAS DE CIUDAD DE DIOS
1.    CONOCERSE, ACEPTARSE Y SUPERARSE: Reconocí mi defecto de buscar culpables cada vez que se presenta un problema y lo superé junto a mi comunidad.
2.    LIDERA CON INSPIRACIÓN: Emprendí un nuevo desafío que es dejar de lado todo prejuicio y puse en práctica una nueva habilidad de buscar soluciones inmediatas a un problema repentino.
3.    ORGANIZA ACTIVIDADES: Aunque no se llevaron a cabo las clases, tuvimos que coordinar 4° F para cederles nuestras horas de clase y ayudarlos a organizar los implementos o el escenario de su obra de teatro.
4.    TRABAJA EN COMUNIDAD: Todo mi salón y 4° F trabajamos muy unidos para hallar una solución al problema de los buses.

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